Dr. Strangelove.

23 abril 2009 at 22:00 (Cine, Comedia, Literatura, Novela)

En la actualidad, parece que estamos tranquilos en cuanto a la posibilidad de que se desate un enfrentamiento o un desastre nuclear que lleve a la extinción del ser humano o a la desaparición de unos cuantos millones de especímenes. Eso, parece que nos decimos, son cosas del pasado, ¡¡ya no hay guerra fría!!

Pero si nos ponemos a pensar en la cantidad de bombas nucleares de diversas capacidades y niveles de devastación,  los países que tienen o tendrán tecnología nuclear bélica, los problemas que los rodean: problemas ideológicos, guerras santas, conflictos fronterizos, problemas y enfrentamientos económicos, etc.  la idea de  una consola con un botón que abre un silo y dispara una bomba nuclear devastadora no es tan descabellada ni tan lejana y no es una acción exclusivamente abierta a la posibilidad de manejo de algún locazo de Espectra o de algún otro ente maligno.

Hace ya 46 años, en 1963, con la guerra fría en alza y posiblemente con menos bombas nucleares que ahora sobre la tierra, Stanley Kubrick ya había comentado como estaba asombrado del conformismo apático de la gente  ante la gran posibilidad de una guerra nuclear intencionada o accidental.

Precisamente la característica principal de su película de ese año: “Dr. Strangelove, or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb”, cuyo título en castellano fue menos explícito que el original:  “¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscu“, es como a través de clave de comedia se lograba la infiltración en el mecanismo mental del público, pillándolo por sorpresa y dando una voz de alerta al respecto.

Kubrick adquirió en 1962, los derechos cinematográficos de “Red Alert“,  escrita en 1958 por el malogrado novelista Peter George. Mientras elaboraba el guión con George, Kubrick decidió darle un giro al final de la novela, donde se mantenía la esperanza de que el mundo quedara en paz, y prefirió imaginar un final decididamente pesimista para la película.

Dr. Strangelove se realizó con el propósito consciente de dar un aviso que asustase a la gente para que reaccionara o que incluso se opusiera a tal destino. Y la risa, como en otras ocasiones, fue el artificio elegido para infiltrar esta idea a través de las voluntades paralizadas.  La posibilidad, difícilmente imaginable, de la extinción de la raza humana se convierte en la personificación satírica de la locura colectiva de los líderes del mundo retratados en la película.  La fantasía de la destrucción nuclear y de la muerte, se transforma en una realidad cómica que representan unos actores inspirados por el guión y por la puesta en escena y la fotografía de Kubrick.

Se utiliza magistralmente la trama de la película para desarrollar el tema de la fiabilidad de los hombres y de las máquinas, un tema que Kubrick volvería a tratar dos años después con su “2001: Una Odisea del Espacio”, y como esa fiabilidad se va centrando o perdiendo a través de la comunicación o de la falta de comunicación. El teléfono, en blanco y negro, se convierte en el instrumento básico a través del cual se posibilita a un hombre extender su locura.

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La trama se desarrolla en unas pocas horas y en tres localizaciones muy concretas. Una oficina cerrada en una base aérea comandada por un general psicópata, genialmente interpretado por Sterling Hayden, un B-52 con una bomba H, capitaneado por un piloto retrasado mental llamado mayor T. J. King Kong, interpretado por Slim Pickens,  y  la Cámara de la Guerra subterránea del Pentágono dominada por un maniático partidario de la guerra y su maligno contrapunto, un estratega nuclear ávido de poder.  Con este panorama y teniendo en cuenta que es una película que trata sobre el fin del mundo, las áreas reales implicadas son absurdamente reducidas y defienden la nueva realidad científica planteada: “Dadme un sitio donde sentarme y destruiré el mundo”.

A medida que se acerca la hora del holocausto total, los personajes que representan a los líderes, en los que descansa o se adormece el futuro de la humanidad, se muestran como muñecos grotescos y son retratados por Kubrick en extrañas posturas y contrapicados inquietantes, como si fueran monos, chacales o simplemente maniacos y dementes dentro de un ambiente espectral y de pesadilla.

En definitiva, demuestran una total incompetencia para captar las consecuencias de lo que está ocurriendo. Así por ejemplo el general Turgidson, interpretado magistralmente por George C. Scott, dice respecto a la situación: “No voy a decir que no se nos vaya a despeinar la cabeza. Lo que digo es que se trata solo de diez a veinte millones de muertos como máximo; depende de la suerte que tengamos

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Mientras tanto, los currantes de base, en el B-52, desplegarán sus capacidades bélicas, siguiendo a pies juntillas los manuales y protocolos, incluso siguiendo un manual escrito durante un momento peligroso de combate, para eludir un misil soviético en una de las escenas más disparatadas de la película. Finalmente, el simiesco mayor Kong, en un alarde patriótico – vaquero – sexual, se lanzará contra el objetivo a lomos de una recalcitrante bomba – H, como si estuviera en un rodeo,  tras fracasar las tentativas de comunicación y de marcha atrás de sus superiores, con lo que se desencadenará el fatídico momento de la desaparición de la raza humana.

El humor macabro asciende en espirales imparables a medida que aumenta el ritmo de la película en las tres localizaciones. Como remate final, la aparición del monstruo supremo, el Dr. Strangelove en la Cámara de Guerra, es realizada justo en el momento preciso para que el gráfico demencial de la película se sostenga siempre en una línea ascendente e imparable.

El Dr. Strangelove, encarnado por Peter Sellers en el tercer papel que interpreta en esta película, sin duda el más siniestro de sus papeles, será el que ponga el colofón al film, mientras estalla la bomba de hidrógeno que acabará con la desaparición de la humanidad o con su recreación a través de un libidinoso futuro proyectado con bellas hembras adecuadamente escogidas para los líderes y otros afortunados:

“¡Mein Führer – puedo andar!”

Algunas frases de Stanley Kubric respecto a Dr. Strangelove:

“Mientras intentaba imaginar la forma en que las cosas pasarían, me iban surgiendo ideas que rechazaba porque eran demasiado absurdas. Me decía a mí mismo: No puedo hacer esto, la gente se reirá.”

“Dado que cada vez menos gente encuentra consuelo en la religión […] creo que insconscientemente obtienen una especie de consuelo perverso en la idea de que, en caso de guerra nuclear, el mundo desaparecerá con ellos. Dios está muerto, pero la bomba perdura. Así pues, ya no están solos ante la terrible vulnerabilidad de su mortalidad.”

“¿Puede imaginarse qué habría pasado en el apogeo de la crisis de los misiles de Cuba, si algún camarero perturbado hubiese echado LSD en el café de Kennedy o, al otro lado del conflicto, en el vodka de Khrushchev? Las posibilidades son escalofriantes.”

“El cinismo, la pérdida de valores espirituales, dos guerras mundiales, la desilusión comunista, el psicoanálisis, han obligado al escritor del siglo XX a mantener a su protagonista al margen, indiferente, agobiado con los problemas relativos a la vida […]. Si el mundo moderno pudiera resumirse en una sola palabra, esta sería absurdo. La única respuesta realmente creativa a todo esto es la versión cómica de la vida.

Fuentes documentales utilizadas:

Stanley Kubrick dirige. Alexander Walker. Taller de Ediciones 1975.
Los Archivos Personales de Stanley Kubrick. Ed. Alison Castle. Taschen.
Historia Universal del Cine. Editorial Planeta.
Diccionario Espasa de Cine. Augusto M. Torres. Espasa.
Wikipedia & Internet.
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1 comentario

  1. Classic Comedies II « El jergón de Long John Silver. said,

    […] Dr. Strangelove […]

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