Huê, explosión de color

29 junio 2010 at 22:00 (Arquitectura, Escultura, Fotos, Fotos JAO, Historia, Viajes) (, , , )

Se cuenta que el rey Nguyen Phúc Anh, futuro emperador Gia Long y uno de los últimos señores feudales Nguyen, extendió sus dominios por el país, hoy conocido como Vietnam, con la ayuda del misionero francés  Pigneau de Bébaine, obispo de Adran.

Aquel avispado misionero, vio la oportunidad de expandir la influencia de la iglesia católica y del imperio francés en la zona, prometiendo a Nguyen Ahn ayuda militar a cambio de derechos territoriales y comerciales en el país.

Francia nunca llegaría a materializar aquella ayuda prometida debido a los problemas que debía resolver en su propio territorio. Sin darse por vencido, el obispo recaudó fondos y reclutó a los soldados él mismo. El adiestramiento en técnicas militares occidentales resultó de un valor inestimable para Nguyen Phúc Anh y su ejército, lo que sin duda contribuiría a su victoria en 1801, año en que por fin sojuzgó a los Tay.

Aunque en gran parte Nguyen Anh debía su ascenso al trono a los franceses, no se fiaba en absoluto de las intenciones que éstos pudieran abrigar para su país, de modo que durante su reinado en la corte tuvo primacía la facción china confuciana frente a los misioneros católicos.

El reunificado y ahora llamado reino de Viet Nam se extendía desde la frontera con China hasta la península de Ca Mau, en la punta sur del país y la ciudad de Huê se convirtió en la nueva capital administrativa del país.

El absolutismo de la dinastía Nguyen se vio reflejado en la extraordinaria transformación de Huê, que se convirtió en la ciudad más hermosa de Vietnam.

Se construyeron exquisitos palacios, mausoleos, templos y pagodas, todos ellos en armonía con el orden cósmico. Además, los reyes Nguyen ensancharon las fronteras de Vietnam hacia Laos y Camboya, anexionándose zonas de ambos reinos en calidad de estados vasallos de su imperio en Vietnam.

Cuando el rey Nguyen Anh murió, los franceses y chinos se pelearon por el control del poder en Vietnam, y una vez más fue el bando conservador chino el que se alzó con la victoria.

Tras la coronación de Mien Tong como emperador con el nombre de Minh Mang, finalizó oficialmente la disputa entre China y Francia. La mayor parte de los seguidores de los franceses fueron degradados o ejecutados. Pero las misiones católicas habían intensificado su proselitismo por todo el país, lo que indujo a los chinos a adoptar rápidamente una política anticatólica.

Huê fue capital de Vietnam hasta 1945, cuando el emperador Bảo Đại abdicó y se estableció el gobierno comunista en la nueva capital al norte,  Hanoi.  Bảo Đại volvería con los colonialistas franceses en 1949 y fundaría su nueva capital en el sur, en Saigon (actual Ho Chi Minh).

Los conflictos religiosos, las facciones políticas y la intervención extranjera arrastrarían de nuevo a Vietnam a la guerra. Esta vez contra la colonización Francesa.

Durante la guerra de Vietnam, Huê estaba muy cercana a la frontera entre Vietnam del norte y Vietnam del sur. Aunque se había librado de lo peor de la guerra debido a su significado cultural, su posición estratégica hizo que ambos bandos lucharan encarnizadamente por su posesión, siendo famosa y sangrienta la batalla de Huê dentro de la ofensiva del Têt de 1968.

La ciudad sufrió daños considerables. Matanzas por parte de los americanos y del  Viet Cong, bombardeos indiscriminados de los americanos sobre los edificios históricos. Se calcula que más de cinco mil ciudadanos de Huê murieron en la batalla, a lo que hay que sumar las 5.113 bajas de los comunistas del ejército del norte, los 384 muertos confirmados del ejercito survietnamita y 147 bajas de sus aliados americanos.

Finalizada la contienda, el Partido Comunista Vietnamita considero el lugar como una reliquia de un antiguo régimen feudal, considerado como reaccionario, y no se preocuparon demasiado por su reconstrucción. Posteriormente cambiarían de parecer, al atisbar las posibilidades económicas de la explotación turística de la zona, por lo que comenzaron a restaurar sus monumentos.

En la actualidad, Huê es mejor conocida por estos monumentos históricos, que han sido declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

A lo largo del serpenteante Río del Perfume (Song Huong), se despliegan la antigua ciudadela de los emperadores Nguyen, la amurallada Ciudad Púrpura, prohibida para todos los mortales excepto para los emperadores, sus concubinas y sus personas de confianza. A las orillas del río perfune, reposan en sus tumbas muchos emperadores de aquella dinastía feudal, como Minh Mạng, Khải Định o Tự Đức, y se elevan pagodas impresionantes como la que se ha convertido en el símbolo oficial de la ciudad, la pagoda de Thiên Mụ.

Huê bulle de color. El ancestral color de sus construcciones imperiales y el de las las solemnes tumbas de emperadores y soldados, contemplan el color de la vida de los vietnamitas, que durante las fiestas oficiales invaden aquellos recintos en busca de diversión y sosiego.


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Los frescos de Ajanta

19 junio 2010 at 22:00 (Arquitectura, Erotismo, Escultura, Fotos, Fotos JAO, Pintura, Viajes) (, , , , )

Durante la ocupación colonial británica de la India, el río Waghora, serpenteando a cien kilómetros de Aurangabad, era el abrevadero preferido para los tigres de la zona.

Aquel paraje rodeado de jungla y follaje, era el lugar ideal para practicar la caza del tigre, y muchos oficiales ingleses se aventuraban por allí para conseguir cobrar su pieza. En una de aquellas incursiones, uno de estos oficiales, vio desaparecer un magnífico animal entre la espesura. Con la ayuda de los aldeanos, exploró aquel lugar y descubrió bajo una tupida vegetación, unas cuevas aparentemente vacías que servían de guarida a los tigres.

Había descubierto las cuevas de Ajanta. Excavadas en un acantilado en forma de herradura, todas estas cuevas son budistas y las más antiguas fueron excavadas entre el siglo II a. de C. y el II d. de C. Las más recientes y más numerosas datan de los siglos VI y VII y en ellas se pueden admirar unos frescos que se harían famosos por su gracia y delicadeza extraordinarias.

Un camino comunica unas cuevas con otras y están clasificadas numéricamente del 1 al 29.

Ajanta, se encontraba en aquella época en las cercanías de la ruta de las caravanas, que iban desde los puertos de Saurastra a los de la costa de Coromandel. Era un paraje apartado, un retiro de difícil acceso que favorecía la meditación. Los monjes que llevaban una vida errante, se recogían en estas cuevas durante la estación de las lluvias. En ellas se dedicaban a meditar, a rezar y a las discusiones religiosas.

Hay dos tipos de cuevas: las viharas, o monasterios, generalmente cuadradas y apoyadas sobre columnas, a veces rodeadas de celdas donde los monjes se alojaban y se reunían, y los chaityas o santuarios. Éstos consistían en una nave donde el fondo generalmente es redondeado. En el coro se levanta una estupa. Unas columnas laterales separan la nave principal de las naves laterales, que se prolongan alrededor de la estupa para permitir el rito de la deambulación.  Al fondo de algunas viharas, en una capilla, reina una colosal imagen de Buda.

Los frescos que han dado fama a Ajanta, representan escenas de las jatakas (vidas anteriores de Buda), y de la vida del Maestro, su nacimiento, el sermón en el Parque de las Gacelas, la tentación de Bodh Gaya.

Estas pinturas son además unos admirables y coloridos documentos sobre la vida en la corte hacia el siglo VI.

Los frescos y las esculturas de Ajanta, tienen a veces un carácter voluptuoso y a veces impetuoso, lo que parece chocar con la idea central de esta religión, que es la negación de los sentidos.  Con la proliferación de estas pinturas y esculturas que representaban las anteriores reencarnaciones de Buda, comenzaba un proceso de sensualización en el budismo que llevaría en ocasiones a asemejarle al hinduismo.

Cuando las visité en 1992, la iluminación artificial de las oscuras cuevas era bastante pobre. Por un pequeño suplemento, te encendían aquellas exiguas luces que permitían disfrutar de aquellos magníficos frescos, pero fotografiarlos era más complicado. Así que no desaproveché la oportunidad de comprar una colección de  diapositivas húmedas que vendía por allí un paisano. Recientemente he rescatado estas diapositivas escaneándolas, y a pesar del estado de la película, logran transmitir aquella delicada  belleza que se encuentra en Ajanta.

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Panorámicas IV – Grecia Peninsular.

14 noviembre 2009 at 22:00 (Arquitectura, Escultura, Fotos, Fotos JAO, Historia, Mitología, Panorámicas, Viajes)

Delfos (Delphi) era la morada de Apolo y el ombligo de la tierra para los antiguos griegos. Mundialmente famoso por su oráculo,  en el oráculo de Delfos, los adivinos podían oír las palabras del dios Apolo en boca de una sacerdotisa, o pitia.

Los que formulaban preguntas debían pagar una tasa llamada pelanos y tras emitir sus interrogantes  y pagar, sacrificaban un animal en el altar. El sacerdote que recogía las preguntas, las formulaba posteriormente a la pitia, que contestaba en un estado de trance producido muy posiblemente por las emanaciones de vapor alucinógeno que surgían de una grieta bajo el trípode donde la pitia se sentaba.  Las ininteligibles palabras de la pitia eran trasladadas y traducidas por los sacerdotes, llamados profetas, y normalmente eran unas respuestas bastante ambiguas que favorecían múltiples, y a veces enfrentadas, interpretaciones.

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Como centro del oráculo, Delfos era un lugar muy concurrido y se alzaban alrededor del oráculo múltiples templos y salas llenas de tesoros que las ciudades estado erigían a los dioses. Además, había en Delfos un teatro con un aforo para 5.000 personas y un estadio para 7.000 espectadores, donde se celebraban los Juegos Píticos, que después de los Juegos Olímpicos, eran los más importantes dentro del calendario griego y festejaban la mítica derrota del dragón Pitón, hijo de Gea, a manos de Apolo.

El estadio de Delfos, vio como los atletas de las diferentes y rivales ciudades estado fortalecían los lazos étnicos y como el ganador recibía la corona de laurel y el derecho a que su estatua estuviera presente en el santuario de Apolo.

Es uno de los mejor conservados del país, y aquí podéis verlo en toda su magnitud.

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De todos es conocida la afición de los griegos por el teatro, como espectáculo de masas. La tragedia griega que narraba episodios épicos y mitológicos, la comedia, introducida posteriormente, los coros, las máscaras y todo lo que había alrrededor de este espectáculo, requerían de teatros como el de Delfos o como el de Epidauro, con una capacidad para 13.000 espectadores.

El santuario de Epidauro era un centro terapéutico y religioso dedicado al dios sanador Asclepio, al que se le representa con un bastón y flanqueado por una serpiente y un perro, símbolos de la sabiduría natural.

Era famoso también Epidauro por su majestuoso teatro, diseñado por Policleto el Joven y que consiguio hacer más famoso a este teatro al dotarle de una acústica casi perfecta.

Su remota ubicación ha permitido que no fuera saqueado y reutilizados sus materiales, por lo que se puede contemplar en la actualidad en muy buenas condiciones y es posible disfrutar también de festivales de teatro clásico que se representan en su Skene y en su Orquesta circular de 20 metros de diámetro, única que se conserva de la antigüedad.

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Las torres naturales de caliza de Meteora, fueron utilizadas por primera vez muchos años después de que los complejos de Delfos y Epidauro hubieran dejado de usarse para hablar con los dioses del Olimpo a causa del cristianismo.

Retiro espiritual de ermitaños desde el año 985, en Meteora, a lo largo de los años, fueron fundándose monasterios en los altos e inaccesibles pináculos hasta llegar a erigirse, en las cimas de estas rocas y asomados peligrosamente a los acantilados, un total de 23 monasterios.

Debido a la precariedad de sus imposibles emplazamientos, muchos de ellos quedaron reducidos a ruinas, aunque en la actualidad, un renacer religioso ha atraído a muchos monjes y monjas a la media docena de monasterios que aún existen y que son visita obligada por estos parajes.

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En estos monasterios abundan desgarradores e impresionantes frescos de la vida de Jesús y de los sanguinarios martirios de los santos y los iconos que en ellos se pintaban son uno de los bagajes culturales y artísticos más importantes de la vertiente ortodoxa de la cristiandad.

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Pero antes de que los monjes representasen en luminosos iconos los estáticos rostros de Jesús Y la Virgen o a los santos y la mística asociada, los relieves de los sarcófagos griegos de la antigüedad también habían representado a sus dioses y a las almas de los mortales en el viaje al seno de la tierra de los dioses en el más allá.

No solo se representan temáticas bélicas o sobre la vida de los dioses y de los héroes; En múltiples ocasiones estos relieves funerarios y votivos representan escenas de la vida cotidiana, banquetes, deportistas en el gimnasio, atletas compitiendo, o escenas de peligrosas cacerías, como la aquí mostrada, donde unos cuantos cazadores desnudos, armados incluso con garrotes, se enfrentan a un jabalí salvaje que les hace pasar unos momentos difíciles.

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O incluso enfrentamientos entre animales domésticos, a modo de combate deportivo y donde no se sabe bien quién está detrás de las apuestas, si el amante dueño de la mascota, o el celoso entrenador profesional del animal.

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El engalanado paisaje, natural o pétreo,  de Grecia y de su milenaria cultura está en esta tierra a la vuelta de la esquina, entre los polvorientos adoquines de sus calles, en sus montañas y ríos, en sus mares y en sus gentes… Y es imposible no acabar trasportando la imaginación a los tiempos de Sócrates, de Alejandro Magno o de las Ninfas tras el simple contacto visual de sus escenas.

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Panorámicas (III) – Islas Griegas.

4 septiembre 2009 at 22:00 (Arquitectura, Escultura, Fotos, Fotos JAO, Historia, Naturaleza, Panorámicas, Viajes)

Los mares que rodean Grecia están salpicados de cientos de islas con siglos de historia y de misterio.

No es de extrañar que Odiseo tardara 10 años en volver desde Troya, tras la larga guerra a la que con su ingenio puso fin, hasta su reino de Ítaca, en las actuales islas  Jónicas. En su periplo fondeo sus naves en el país de los Lotófagos, en la isla de los Cíclopes, en la isla de Eolo, en la de la maga Circe, en la isla de las Sirenas, y perdió su barco en varias ocasiones durante su viaje y también a la totalidad de sus hombres, por culpa de los traicioneros mares griegos y a causa de los más traicioneros y caprichosos Dioses del Olimpo.

La multitud de islas que se esparcen por los mares de Grecia están plagadas de olivares, viñedos y pastos y también concentran miles de años de historia, civilizaciones arcaicas y fenómenos naturales que pasaron a la historia por su violencia y magnitud.

La isla de Santorini fue colonizada por los minoicos en el 3.000 a. C. y en el 1.450 a. C. tuvo lugar una erupción volcánica que diseminó trozos de esa isla por todas sus vecinas de los alrededores, llegando incluso fragmentos hasta la lejana Creta.

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Esta violenta erupción provocó un tsunami con olas de más de 200 metros de altura que llegó a la Creta minoica y la devastó.  Además  dio a esta isla de Santorini su característica forma en media luna, ya que antes de que se desatase la ira de los dioses, era una isla volcánica de forma redonda y con la violenta erupción se partió en dos,  formándose en el centro un enorme cráter o caldera donde emergieron posteriormente pequeñas islas volcánicas que aún continúan activas.

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Es una isla fascinante, con pequeñas playas de arena negra y con acantilados volcánicos donde se instalan pintorescos pueblecitos blancos como su capital: Firá (o Thirá), que se asoma a la profunda caldera y despliega en sus acantilados de roca volcánica hoteles, bares y restaurantes con unas magníficas vistas.

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En la punta norte de la isla de Santorini se sitúa el bello pueblo de Oía y que según la leyenda  es morada de vampiros.  En el acantilado que se precipita al mar, se mezclan casas de colores, famosas y frescas viviendas trogloditas, iglesias de cúpulas azules y múltiples restaurantes  colgados del abismo. Este típico pueblecito es famoso por sus maravillosas puestas de sol.

Saliendo de las Islas Cícladas, cuna de poderosas civilizaciones de la edad del bronce y navegando hacia el sur-este, nos adentramos en el Dodecaneso, las islas más meridionales de Grecia esparcidas a lo largo de la costa turca.

La capital del Dodecaneso es también la isla más grande. Rodas ha sido una plaza importante en los siglos V y III a. C. y formó parte de los imperios Romano y Bizantino. En el año 1.309 erigieron su ciudadela en la capital los caballeros Hospitalarios de San Juan que posteriormente la perdieron a manos de los otomanos. Estos también la perderían más tarde siendo ocupada por los italianos.

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El palacio de los Grandes Maestres es una fortaleza dentro del barrio de los Caballeros y era el último refugio de la población en caso de peligro.  Se construyó en el siglo XIV y fue sede de 19 Grandes Maestres.  Tras una explosión accidental que lo destruyó parcialmente en 1.856 no sería hasta el siglo XX, en los años 30, en que se restauraría por parte de los italianos para que sirviera de hogar a Mussolini y al rey Víctor Manuel III.

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El palacio alberga mosaicos de inmenso valor, tanto romanos como paleocristianos, así como una gran cantidad de estatuas helenísticas, como las que jalonan el gran patio central, la  mayoría procedentes de la isla de Cos.

Solo 2 islas de las más de 2.000 que se extienden desde el mar Jónico en el oeste, hasta el Egeo en el este. De esa ingente cantidad, solo están habitadas permanentemente unas 100 islas pero basta con conocer unas pocas para desear sacar tiempo y soñar con emular a Odiseo para perderse por ellas, incluso durante 10 años.

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Lucrecia, Sangre y Honor.

22 agosto 2009 at 22:00 (Erotismo, Escultura, Literatura, Mitología, Pintura)

Durante la antigüedad no había palabra para describir o definir el acto de matarse así mismo. La palabra suicidium es un latinismo inventado en el siglo XVII a partir de las palabras latinas sui (uno mismo) y cidium (de caedere, matar).

APU_Nuremberg_chronicles_1475Para los paganos, la muerte e incluso el suicidio, representaba el tránsito del mundo terrenal a otro. El Hades, reino de Plutón y morada de los muertos, era los infiernos, un lugar de sombras, pero que, a diferencia de la visión del infierno cristiano, no suponía la condenación eterna y el castigo ni inspiraba horror en el mundo antiguo.

Pero sin embargo en el mundo cristiano, los sodomitas y los suicidas no tenían esperanza ni posibilidad de paraíso bienaventurado, solo les quedaba la desesperación de las sombras eternas.

Según la narración de Tito Livio, Lucrecia era una mujer hacendosa, honesta y muy hermosa.

Sexto Tarquino, hijo del rey Lucio Tarquino el Soberbio, se sintió atraído por ella de forma irrefrenable y  para satisfacer sus frenéticos deseos pidió hospitalidad a Lucrecia cuando su esposo se hallaba ausente.

Con nocturnidad y alevosía, se introdujo en la alcoba de Lucrecia y la violó, sin que ella se resistiese ni gritara, ya que creía que era su marido.

Al día siguiente Lucrecia llamó a su padre y a su esposo, y les refirió el ultraje recibido. Les pidió venganza contra Sexto Tarquino y se hundió un puñal en el pecho luego de pronunciar la frase: «¡Ninguna mujer quedará autorizada con el ejemplo de Lucrecia para sobrevivir a su deshonor!»

El suicidio de Lucrecia contribuyó a la caída de la monarquía en Roma, al ser expulsado Tarquino el soberbio junto con su familia  y proclamarse la República, en el año 509 ac.

A partir de estos hechos, ya no fueron elegidos más reyes. En su lugar fueron elegidos para gobernar los pretores, que más tarde fueron llamados cónsules. Es el camino hacia la República romana.

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Jörg Breu the Elder (1475 – 1537)

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Gavin Hamilton (1723 -1798)

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Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi (1445 – 1510), apodado Sandro Botticelli,

La violación de Lucrecia por Sexto Tarquino y su suicidio público perduran en obras de teatro, poesías e imágenes como un acto heroico y se la representa como una mujer hermosa e intacta, aunque la presencia de la espada en casi todas las representaciones sirve para recordarnos la violación.

El suicidio de Lucrecia se discutió ampliamente en los primeros tiempos del cristianismo, pero no se ha podido localizar ninguna representación artística del hecho de aquella época debido al tabú existente alrededor del tema del suicidio, si exceptuamos  la multitud de representaciones del suicida Judas Iscariote y algún que otro suicida bíblico como Saúl.

A pesar de que San Agustín atacaba y socavaba el planteamiento heroico atribuido a Lucrecia, al cometer suicidio tras su violación, y acusarla de ser culpable, siendo su culpa el placer recibido con la violación, y su castigo la auto-inflingida muerte, el heroísmo de Lucrecia pervivirá a lo largo del periodo medieval.

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Polo il Giovano

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Tiziano Vecellio, conocido como Tiziano (1477 - 1576)

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Tintoretto, Jacopo Comin (1518 - 1594)

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Jan Sanders van Hemessen (1500 – 1566)

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Peter Paul Rubens (1577 - 1640)

Será en el Renacimiento cuando comience a representarse profusamente a Lucrecia en el mundo del arte y se aprecie artísticamente la belleza de su cuerpo femenino y el resultado destructivo de su acto, aunque considerado positivo en el sentido de que provoca el nacimiento de la república y el fin de la tiranía.

En 1613, en el Discourse on Death, del reverendo Tukes, se ofrecía una valiosa panorámica relativa al hecho de atentar contra la propia vida, y se justificaba en cierto modo actitud de Lucrecia, identificándose dos tipos de muertes voluntarias, una legítima y honrada, como la muerte de los mártires, y la otra ilegítima e indecente, en la que los hombres no atienden ni a lo que es legítimo ni a fines honestos. En general según Tukes, si la causa es honrada, la muerte también.

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Francesco Raibolini (1450 – 1517), llamado Francesco Francia.

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Maestro de la Santa Sangre.

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Lucas Cranach el Viejo (1472 – 1553).

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Joos van Cleve (1480/90 - 1540/41).

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Lucas Cranach el Viejo (en alemán, Lucas Cranach der Ältere) (1472 – 1553).

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Apodado Il Sodoma (1477 – 1549?) Giovanni Antonio Bazzi.

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Lucas Cranach el Viejo (en alemán, Lucas Cranach der Ältere) (1472 – 1553).

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Guido Reni (1575 - 1642).

Según va avanzando la edad moderna, se va ampliando la idea de que el darse muerte era un crimen más allá de la idealización de la muerte voluntaria heroica, y que esa muerte podía tener como causa la melancolía o alguna terrible enfermedad.  Se evidencia en multitud de obras escritas la importancia de mantener la vida y la naturaleza y los vínculos de la melancolía con el suicidio.

Y comienza a verse el suicidio como una muerte ilegítima y pecaminosa, una aberración, una vergüenza, un acto de locura y un crimen diabólico, y en la vida social se niega la sepultura a los suicidas y se permite la profanación de sus cadáveres y su anónimo enterramiento en cruces de caminos.

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Maestro de la Santa Sangre.

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Jean François de Troy (1679 - 1752)

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Lucas Cranach el Viejo (en alemán, Lucas Cranach der Ältere) (1472 – 1553).

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Guido Cagnacci (1601 - 1681/2).

La condena religiosa de la desesperación suicida instigada por Satanás, ofreció a las iglesias romana y protestante, un recurso idóneo para captar adeptos. Si el suicidio era fruto de la tentación diabólica, la iglesia podía ofrecer refugio o salvación ante ese peligro.

Así suicidios como el de Lucrecia o el de Catón, también considerado hasta entonces por diversas corrientes de pensamiento como una muerte voluntaria asociada a su grandeza espiritual, eran condenados desde el punto de vista cristiano y se achacaba su ejecución a la locura, aunque fuera transitoria.

Y el prestigio de Lucrecia, símbolo de la castidad en el Renacimiento y en la Reforma en la cultura visual popular, fue mermando a medida que filósofos y pensadores debatían acerca de la muerte voluntaria de los mártires y la muerte voluntaria por honor.

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Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606 – 1669).

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Joos van Cleve (1480/90 - 1540/41).

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Artemisia Lomi Gentileschi (1597 - 1654)

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Andrea Casali (1705-1784).

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Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606 – 1669).

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Francesco Cairo o Francesco del Cairo (1607 - 1665).

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Guido Reni (1575 - 1642).

Posteriormente, a lo largo del siglo XIX, la imagen del suicidio como producto de una mente enferma se opondría a una imagen más racional del suicidio, fruto de la maceración de las ideas revolucionarias y románticas. En este tiempo llego a considerarse el suicidio como algo triste, cómico o sencillamente excéntrico, aunque se promulgaron duras leyes que negaban al individuo la posibilidad de preferir la muerte a la vida.

Durante este siglo desaparecen prácticamente los temas sobre Lucrecia del arte, lo que significa la renuncia tanto al suicidio heroico como a la categoría de heroína.

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Artemisia Lomi Gentileschi (1597 - 1654)

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Alberto Durero (Albrecht Dürer) (1471 - 1528) plantea unos rasgos fisonómicos negativos para Lucrecia y su acto.

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Sebastiano Ricci (1659 – 1734)

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Lucas Cranach el Viejo (1472 – 1553).

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Paolo Caliari o Paolo Cagliari (1528 - 1588), conocido como el Veronés.

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Lucas Cranach el Viejo (1472 – 1553).

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Michele Tosini (1503-1577).

El número y variado tratamiento de obras sobre Lucrecia en tiempos anteriores, revelan su extensa popularidad y la alta inspiración para los artistas, también atraídos por la sugerente mitología clásica, aunque muchos autores apuntan a que el propósito de dichas obras no era denunciar el delito de violación o resaltar el carácter heroico del acto cometido por Lucrecia, sino satisfacer la demanda de imágenes eróticas, de desnudo, bajo un argumento histórico.

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Girolamo di Romano llamado El Romanino (1484/1487- 1566).

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Marcantonio Raimondi, o simplemente Marcantonio, (1480 - 1534).

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Damián Campeny y Estrany (1771 - 1855).

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Simon Vouet (1590 - 1649).

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Lorenzo Lotto (1480 - 1556) - Una dama contempla un grabado con el suicidio de Lucrecia. En un texto en la mesa se lee que si se siguiera el ejemplo de Lucrecia "no quedaría ni una sola mujer inmoral".

Sin lugar a dudas, la carga sexual que subyace en las representaciones de Lucrecia, siempre  agradables desde el punto de vista estético, mezclada con la morbosidad del éxtasis de la muerte inminente, transmite un erotismo en ocasiones difícil de explicar.

Bibliografía:

El arte del Suicidio. Ron M. Brown.  Editorial Síntesis.
Summa Artis. Historia General del Arte.

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