Los bravos de Henry François Farny.

10 Febrero 2010 at 22:00 (Historia, Ilustración, Naturaleza, Pintura)

Henry François Farny nació europeo en 1847, en Ribeauville, Francia.  Debido a la situación política tumultuosa francesa,  su familia emigró a Estados Unidos en el año 1853 y se instaló en  Warren, Pensylvania, donde Henry tomaría su primer contacto con el tema que le apasionaría durante toda su vida. Fue con los pieles rojas de una reserva de Indios Seneca, los Onandaigua, a quienes su madre, Jeanette, daba tratamiento médico a algunas familias de aquella etnia.

La familia Farney acabó estableciéndose en Cincinnati, Ohio, donde Henry François comenzó su carrera como ilustrador para revistas, periódicos e ilustrando algunos libros para niños. Vivió brevemente en New York trabajando como ilustrador y caricaturista para Harper’s Weekly.

Siguiendo el camino de muchos otros artistas americanos, Farny viajó a Europa para estudiar arte durante tres años. Roma, Dusseldorf, Viena y luego Múnich.  En Düsseldorf, Farny no sólo adquirió las habilidades técnicas de los maestros locales, sino que también conoció a Albert Bierstadt, que le animó a viajar al oeste americano. Su estancia en Munich le permitió aprender a interpretar la brava pincelada y la oscuridad, de la mano y la paleta de Frank Duveneck, eminente artista americano que trabajaba en ese momento en el sur de Alemania.

La formación recibida en Europa proporcionó a Farny ideas avanzadas y sofisticadas del siglo XIX, lo que le ayudaría a representar el Oeste y a los nativos americanos de una manera más moderna, realista y a la vez idílica.

En 1879 sería el ilustrador jefe de las McGuffey Reader Series, donde, de las más de 300 ilustraciones producidas, 76 serían realizadas por él.

El primer viaje de Farny al Oeste se realizó en 1881, para presenciar la captura de Sitting Bull. Llegó tarde, justo después de la rendición del famoso jefe indio en Fort Yates. Aprovechando que estaba allí, se quedó y se convirtió en un participante activo en la vida social de los indios de las praderas que vivían cerca de la fortaleza, a lo largo del río Missouri.

Su primera pintura de la serie del Oeste se tituló “Tribes of the Plains” y fue vendida de inmediato.

Farny regresaría de nuevo al Oeste en 1883 y 1884, para presenciar el acabado del tramo final de la Northern Pacific Transcontinental Railroad y de paso ilustrar un artículo al respecto para Century Magazine. En estos viajes conoció por fin al jefe  Sitting Bull, al general, posteriormente elegido presidente, Ulises S. Grant y al presidente  Theodore Roosevelt.

Durante sus repetidas visitas al Oeste en la década de 1890, reunió material para trabajar en óleos y gouaches que más tarde completaría en su estudio de Cincinnati.

Era muy apreciado por los indios, que le conocían también por su obsesión de coleccionar artefactos y accesorios de la tradición de sus pueblos. Con los indios Sioux de Fort Yates, reunió múltiples artefactos como collares de dientes de búfalo, gorros de guerra, bolsas de tabaco. Estos artículos junto con sus bocetos y fotografías, propias o compradas le documentaron a conciencia. Trasladó de primera mano toda su experiencia en el Oeste americano a sus pinturas.

En contraste con otros de sus contemporáneos, quienes empleaban efectos nada naturales de luz y atmósfera para crear situaciones de drama y emoción, Farny tuvo éxito al retratar estos sentimientos y situaciones con una inusual sutileza y armonía, que en definitiva, eran más acordes con la realidad.  Con estos argumentos recreará y repetirá con frecuencia escenas y acontecimientos que presenció en las praderas y montañas.

Este artista es muy respetado por los estudiosos y conocedores del arte americano y además de gozar de los mayores elogios por su trabajo, hoy en día sus obras alcanzan cifras importantes en las galerías de arte. Millard F. Rogers, Jr., director del Museo de Arte de Cincinnati, señaló que entre los pintores de los Indios Americanos y el Oeste, no hay ninguno mejor que Henry F. Farny. Se conocen más a otros artistas como Frederic Remington o Charles M. Russell, pero ninguno de ellos llegó al nivel de Farny, a su cuidadosa representación de los paisajes del oeste, su descripción comprensiva de los Indios Americanos, a su pintura lúcida para representar los incidentes dramáticos en el Far West.

La integración del hombre con la naturaleza. Bravos guerreros sioux o apaches en inmensos y sobrecogedores paisajes. Visiones estimulantes y liberadoras de un pasado siglo XIX para un siglo XXI, también un poco perdido.

Otras entradas del jergón relacionadas con el lejano Oeste americano:

El Salvaje Oeste de Charles M. Russell.
Hoka Hey.
Aquel Pistolero de Cheyenne.
Llamando a las Puertas del Cielo.
WWW por el maestro Masamune.
Blueberry.

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El deber y no pagar.

4 Febrero 2010 at 22:00 (Cine, Cine Histórico, Cine de Aventuras, Comics, Drama, Fotos, Historia, Literatura, Música, Novela, Pintura)

El cosaco en su brioso corcel
Va a la estepa siempre al trote,
Que del mundo es un azote, zote, zote, zote, zote,
Porque nunca va al cuartel
Y si fiero es en la guerra al vencer,
Al volver es más terrible,
Porque trae un hambre horrible
Y de genio está imposible
Y su encanto es el deber.
El deber, el deber, el deber y no pagar.
Cosacos de Kazán que sobre caballo van sin temor y sin desmayo.
Cosacos de Kazán que en la guerra son un rayo y en la paz un huracán.
¿Dónde irán? ¿Al asalto del caballo?
¿Dónde irán? ¿Cómo y cuándo volverán?
Volverán, que no les parta un rayo.
Volverán mediado el mes de mayo.
Volverán con más plumas que un gallo,
Los cosacos de Kazán

Esta canción de la zarzuela Katiuska de Pablo Sorozábal retrata muchos de los tópicos que sobre el pueblo cosaco, y sus guerreros, llenaron mi cabeza en la niñez, Miguel Strogoff de Julio VerneTaras Bulba de Nikolái Gógol hicieron el resto.

Aunque el correo del zar se las veía contra los tártaros y el rudo Taras Bulba con los polacos, sus periplos por las frías estepas del imperio, les conducirían por inhóspitos lugares que fueron conquistados y colonizados en su día por otros insignes cosacos, esta vez reales y no de ficción. Conquistadores y colonizadores de Siberia, estos temibles guerreros mantuvieron a raya a los tártaros, a los chinos, a los polacos, a los franceses e incluso al propio pueblo ruso.

Desde Hollywood se proyectó una imagen heroica y romántica del mundo de los cosacos.

Entre los primeros films que trataron la temática cosaca destaca el producido en 1928 por la Metro Goldwyn Mayer, The Cossacks. Película muda basada en la obra homónima de Lev Nikoláyevich Tolstói, escrita en 1863. Fue dirigida por George Hill y protagonizada por el galán John Gilbert. Mostraba la vida en un pueblo cosaco y sus escarceos bélicos con los tártaros. También reflejaba una sociedad eminentemente machista donde los cosacos se dedicaban a guerrear mientras las mujeres trabajaban el campo. La escena final no podía ser más explícita respecto a esto. La mujer se aferraba a los brazos del valiente cosaco en su caballo, después de haber sido rescatada y le decía: “Lukashka, te amo… Lukashka, trabajaré para ti… Lukashka, yo seré tu esposa devota… Dios es todopoderoso”.


También es muy destacable la adaptación de Taras Bulba que realizó J. Lee Thompson en 1962. Protagonizada por Yul Brynner y por Tony Curtis, retrataba la vida guerrera del cosaco inmortalizado por Nikolái Gógol y algunas de sus más fuertes convicciones: la lealtad y el honor.

De lo que no cabe duda es que estas visiones, muy entretenidas pero algo edulcoradas, de las duras condiciones de vida del pueblo ruso y del carácter endurecido de la raza cosaca,  tenían una base real. Los gobiernos de la madre Rusia, vieron en los cosacos los guerreros ideales y formaron cuerpos de caballería de élite que serían temidos dentro y fuera del imperio zarista.

De ellos llegó a decir Napoleón Bonaparte: “En lo que se refiere a los Cosacos,  honestamente hay que reconocer que fueron ellos los que garantizaron a Rusia el éxito en esta campaña. Los Cosacos son las mejores tropas militares de todas las existentes. Si yo los hubiera tenido en mi ejercito,  podría haber llegado a conquistar el mundo entero.”

El carácter indomable de estos curtidos guerreros fue bien aprovechado por los zares, y  aparte de poner en jaque al ejército francés o al que se pusiera por delante, fueron  utilizados para reprimir al pueblo en los momentos de mayor pobreza. Cuando las ideas revolucionarias empezaban a asomar en las mentes de los campesinos hambrientos o en las de los obreros descontentos, en las perdidas estepas o en las grandes ciudades y anillos industriales.

En muchas ocasiones los zares consideraban que un régimen de terror era más fácil de administrar y utilizaron a las tropas cosacas para la represión y la persecución de todo aquel que levantara voces discordantes contra el estado monárquico zarista o contra los que simplemente no eran de su gusto, como en las persecuciones étnicas o los pogromos contra los judíos rusos.

El último zar de la dinastía Romanov, Nicolas II, utilizó las unidades cosacas sin miramientos para la represión del pueblo. Recordemos el domingo sangriento del 22 de enero de 1905, en San Petersburgo, cuando la muchedumbre llegó a las inmediaciones del Palacio de Invierno donde las tropas de cosacos, convocadas por el ministro del interior, príncipe Sviatpolsk Mirski, dispararon a matar y atacaron con una carga de caballería produciendo una cifra estimada de 92 muertos.

Se puede ver una representación de esta escena en la película de 1965 dirigida por  David Lean: Doctor Zhivago, protagonizada por Omar Sharif y por la bella Julie Christie.

La revolución de Octubre acabaría con la dinastía de los Romanov, con su asesinato y desaparición. Pero en el confín del imperio, más allá del lago Baikal, donde acaba el ferrocarril Transiberiano y comienza el Transmanchuriano, muchos cosacos se unieron a los ejércitos blancos liderados por el  Almirante Kolchak. Otros creyeron en las ideas revolucionarias y combatieron en el lado bolchevique.

En esta etapa del convulso siglo XX, durante la revolución rusa, muchos cosacos se aferrarían a la idea de combatir con los Blancos para conseguir fundar un estado independiente cosaco que podría desplegarse en tierras de Mongolia y a caballo entre Rusia, China y el Tibet.

En este escenario, en esta lejana guerra, surgirían personajes variopintos con delirios de grandeza que han pasado a la historia como héroes iluminados, como antihéroes viciosos y depravados, como salvajes guerreros a mayor gloria del pueblo cosaco, aunque muchos de ellos son aún denostados por muchos de sus propios compatriotas rusos.

Entre estos guerreros malditos, podemos destacar a Grigory Mikhaylovich Semyonov, o Semenov, atamán cosaco que puso en jaque a las tropas bolcheviques en Manchuria, con un ejército formado por cosacos y voluntarios checoslovacos y apoyado por el ejército imperial japonés.

Descrito como un bandido que paseaba con su tren blindado por la línea Transmanchuriana en busca de riquezas, cometió con sus tropas muchas acciones violentas de pillaje hasta que fue expulsado de territorio ruso en 1921.

Sería capturado en 1945 por paracaidistas soviéticos y condenado por el tribunal supremo de la URSS a morir en la horca. Se dice que sus verdugos le odiaban tanto que utilizaron métodos no permitidos para prolongar su agonía.

Aunque no tan cosaco como Semenov, pero luchando en sus filas, el barón Roman Ungern von Sternberg despierta cierta fascinación dentro del  conflicto blanco del Transbaikal.

Este personaje podría ser considerado como un monárquico iluminado que creía ser la reencarnación de Gengis Kan.

Al igual que el atamán Semenov combatiría contra los bolcheviques con la idea de fundar un imperio asiático poderoso donde vivieran en armonía los cosacos, mongoles, chinos y tibetanos.

El Barón Sangriento acabó también siendo capturado por el ejército rojo y ejecutado frente a un pelotón de fusilamiento.

La idea de formar un imperio donde los cosacos pudieran practicar sus tradiciones sin ser molestados, inclinó a muchos de ellos a colaborar con los invasores alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, formando unidades cosacas integradas en la Wehrmach.

Curiosamente se dieron casos de enfrentamientos entre tropas cosacas combatientes con los alemanes y cosacos integrados dentro del ejército rojo.

La fascinación que despierta el mundo de los cosacos, su aguerrido carácter, no podía dejar de reflejarse en el cómic.

Así podemos encontrar referencias claras en la muy recomendable obra Klezmer de Joann Sfar, donde se retrata a un grupo de marginados, judíos y cosacos incluidos, que viven al ritmo de la música klezmer por las tierras rusas.

También en Ring Circus, con guión de David Chauvel y dibujo de Cyril Pedrosa, podemos encontrar referencias claras a los cosacos, mostrados aquí como defensores y haciendo alguna matanza de campesinos, reconvertidos en bandidos.

Una obra reciente, publicada en edición integral por la editorial Glénat, es Noche en Blanco, donde nos paseamos por la gélida Rusia post-revolucionaria, por las tierras heladas controladas por el movimiento blanco y por las tropas cosacas del atamán Semyonov, por las fiestas anti revolucionarias de Vladivostock y por las aventuras de un oficial del ejército del zar junto a sus amigos cosacos.

El guionista Yann y el dibujante Neuray relatan veinte años en la vida de un militar fiel a los Romanov que ha de enfrentarse al derrumbe de su mundo con la llegada de la revolución.

Si alguien se ha fascinado con las leyendas de Ungern Kahn o del atamán Semyonov, ese fue el incansable viajero Hugo Pratt. Su magnífico personaje Corto Maltés, se encontrará con estos salvajes cosacos en el título Corto Maltés en Siberia.

Aquí Pratt se documentó entre otras fuentes con el relato de Ferdinand Antoni Ossendowski (1876-1945), titulado “A través del país de las bestias, los hombres y los dioses”, para retratar al barón Ungern o al general Semenov.

En las siguientes viñetas, podemos comprobar las personalidades con las que Hugo Pratt empapa a estos personajes históricos y al ambiente que les rodeaba en esa época plena de aventuras y peligros.

Para finalizar algunos enlaces interesantes acerca del mundo cosaco que profundizan mucho más en su historia:

Muy completo este artículo de la Wikipedia,  en castellano, sobre los Cosacos.

Otro artículo, también de la misma fuente, sobre La Historia de los Cosacos.

La red cosaca, página rusa dedicada a los cosacos, en cuatro idiomas.

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Piezas de a Ocho (IX).

27 Enero 2010 at 22:00 (Cine, Memes y Concursos, Música, Naturaleza, ¡Piezas de a Ocho!)

Desde muchos blog amigos, se han iniciado movilizaciones cibernéticas para ayudar a Haití. He recibido diversas invitaciones para seguir este meme desde los blogs Mi Ventana, Caminando y Mis Obsesiones. El creador del también blog amigo From Human To Machines, es haitiano y trabajó en Haití como voluntario de Vivre Siglo XXI, una organización al frente de diversos programas de ayuda y apoyo en ese país, como el Programa de Apoyo a la Escolarización.

Es preciso que nos acordemos de los países menos favorecidos y sus gentes. Más aún cuando la cruel e implacable madre naturaleza golpea estos países sin recursos, a veces olvidados.


¿Cómo ayudar a Haití?

  • Publicar esta misma entrada en tu blog con el enlace hacia la página de Vivre Siglo XXI para que la gente pueda hacer sus donaciones  (Después de publicarlo en el blog comenta esa entrada con el enlace de sus entradas)
  • Organizar recaudación de fondo en su comunidad, iglesia, instituto, etc. (irá un representante para colaborar o/y recibir los fondos)
  • En twitter hacer los tweets seguidos de #HAITI y @vivresiglo21 para seguir llamando la atención sobre la tragedia.
  • Invitar al máximo posible de blogs.

Por solidaridad y para evitar manipulaciones de la situación por parte de países poderosos o industrias sin escrúpulos, es importante que ayudemos a que Haití supere este desastre en el menor tiempo posible, por lo que invito a todos los lectores del Jergón a colaborar con esta causa y también a los blogs: Ponga un mostrenco en su vida, Suuuperpatri!!!La Bitácora de Javi, Iribú, Bandera Blanca, Tiempo sin verte, Raquelam, El Baúl que no tenía mi abuela, El blog de Iván Reguera, Fani en Japón

No solo hay que devolver Haití a su normalidad anterior a la catástrofe, hay que ser conscientes y solidarios con Haití y con los paises más pobres. Preguntarse si nuestra sociedad del primer mundo no tendrá gran parte de culpa en que las consecuencias en estos paises, patio trasero de nuestra civilización, sean tan destructivas.

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Con la nieve, las riadas y los pantanos a rebosar, llega también el barro y los resbalones. Y con un patinazo monumental que me llevó de bruces al fango, he podido encontrar esta segunda pieza de a ocho que está llena de cieno verde, un poco maloliente, llena de herrumbre y algo podrida, al igual que la decisión de los ediles del pueblo de Yebra en Guadalajara, que haciendo caso omiso de sus conciudadanos, pretenden postular para que se ubique en su pueblo el almacén de residuos nucleares que contendrá la basura de todas las centrales españolas. ¡Ahí es nada!

Y es que el pueblo está muerto, según algunos de los oriundos entrevistados en el bar, el cementerio nuclear traerá empleo y dará vidilla al pueblo. Imagino que el siguiente paso será hacer una caravana del amor para traerse algunas chicas mutantes que puedan congeniar con los enterradores de este nuevo centro de despojos. Ya lo han dicho algunos de los entrevistados: ¡Preferiblemente que sean rusas de Chernovil!

Es una pena esta situación. La puta crisis y la ignorancia hacen que algunos congéneres pierdan los papeles y defiendan unas posturas peligrosas en una provincia que ya tiene dos experiencias nucleares con suerte.  En algún sitio tiene que estar el ATC de los cojones, pero ¿Por qué en la provincia de Guadalajara?  Y sobre todo ¿Por qué a mí no me pregunta nadie nada al respecto?

Y toda esta polémica y enfrentamiento, entre vecinos anti-nucleares y entre parados aburridos o cadáveres vivientes en un pueblo muerto que ven una posibilidad de prosperidad, se junta con la publicación de un video por parte de la Diputación de Guadalajara, para promocionar la provincia.

El vídeo está bien, es cachondo. Es una pieza de a ocho que brilla sobre todo por su entusiasmo en promover una provincia que a veces parece tan olvidada. Lástima que sea una pieza algo empañada con el cieno verde.

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Dejando estas piezas de a ocho de Guadalajara, confiando en que podamos limpiarlas pronto del barrillo fluorescente, nos vamos a rebuscar un poco en un cofre que tiene grabado a navaja la etiqueta de séptimo arte para encontrar allí nuestras terceras piezas de a ocho del día.

En primer lugar una muy destacable por su profusa riqueza, la encontramos en el magnífico blog de cine esbilla cinematográfica popular que se ha convertido a lo largo de tres entradas en esbilla entrevistadora popular para recoger una entrevista con el historiador, crítico y rescatador Carlos Aguilar.

Entretenida y llena de datos interesantísimos sobre la amplia obra y las vivencias de este imprescindible estudioso español, se extiende a través de tres diamantes en bruto, que como es costumbre en esbilla, poseen títulos nobiliarios tan largos como las piernas de Madame Ching:

¡No soy un crítico, soy un hombre!: Carlos Aguilar, arqueólogo del cine imposible Vol.I. En donde se habla de los orígenes, la crítica, una Guía monumental, un cine perdido, horror y spaghetti-western.

Artistas y modelos: Carlos Aguilar, arqueólogo del cine imposible Vol.II. Donde se habla de los actores y se recuerda a los amigos, nos quedamos fascinados por las mujeres más bellas, nos quejamos de lo moderno y al final sale un monstruo.

Últimos gritos en la noche: Carlos Aguilar, arqueólogo del cine imposible Vol. III. Donde se viaja a Japón, se trabaja en Italia y se recuerda Francia, aparecen viejos amigos y hombres duros, se escriben novelas, se leen tebeos, sale el diablo y un trompetista blanco toca las canciones más tristes.


Un repaso por toda la obra de Carlos Aguilar.  Cine de género en estado puro.

Sin salirnos del cofre cinematográfico, reseñar varios cortos de animación que me han gustado especialmente.

El primero lo he conocido a través del mágico blog El Baúl que no tenía mi abuela. Su título: TACHAAAN! Este corto ya ha conseguido varios premios desde que fue finalizado hace poco más de un año y ha salido nominado como mejor cortometraje de animación para los Premios Goya 2010.  Está muy bien facturado técnicamente y es bastante divertido y con unos personajes que son todo un homenaje a la pantera rosa o a Charles Chaplin.

Otro corto que he descubierto a través del blog amigo Mi Ventana es uno surrealista hecho en 3D por el ilustrador francés Jean-Philippe Masson, más conocido como Muzo. El título de esta obra: Muzorama. Es un corto que fue seleccionado para el Siggraph 2009 y me ha parecido bastante sugerente y original.

Recientemente se ha estrenado el blog Antruejo. Este espacio está dedicado a un proyecto de música y animación que me ha parecido bastante interesante y que se desarrolla en parte o tiene varios colaboradores en mi GU natal.

La segunda animación que ve la luz en este proyecto está construida con herramientas como Imovie o Photoshop, utilizando técnicas de animación y de collage.  Todos unos aplicados alumnos de Harryhausen y el stop-motion.

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Cerramos el cofre grabado a navaja, y abrimos este otro reforzado con una capa de zafiros y esmeraldas, donde seguramente encontraremos alguna novedad musical.

La primera nos viene a través del sello blusero Alligator Records y es una de las que forman nuestra cuarta pieza de a ocho.

Eric Lindell tiene preparado un nuevo disco. Between Motion and Rest saldrá en Abril de 2010 y se puede escuchar algún adelanto en la página web de Lindell.

Su anterior disco Gulf coast highway, editado en nuestro país el pasado año fue memorable y como tenía pendiente hacer una mención a él, ahí va, de muestra un botón, la canción que abre el disco: If love cant’t find a way.

También relacionados con el sello del pantano, recordamos aquí al grupo americano de blues acústico  Cephas & Wiggins, conocidos por su estilo de blues tradicional  (Piedmont blues).  El guitarrista John Cephas falleció el pasado 4 de Marzo de 2009, así que aquí le haremos un merecido homenaje con este video montado por CookieJar1957 del tema  Action Man.

Desde Yep Roc Records y de la distribuidora americana Redeye, también nos informan del nuevo proyecto de Howe Gelb, el cerebro que hay detrás del rock de raíces  de Giant Sand. El nuevo proyecto consiste en un CD / DVD que también incluye un documental de 50 minutos. Este trovador desgrana los 14 temas de este álbum en directo acompañado por su banda y por las voces góspel del coro canadiense Voices of Praise.

El documental y concierto, titulado  Sno Angel Winging it está filmado en el Reino Unido, España y Canadá, a lo largo de más de 2 años, por Maria Mochnacz, fotógrafa y cineasta que facturó anteriormente la gira de  PJ Harvey en el 2006. (PJ Harvey On Tour: Please Leave Quietly).

La pieza que viene ahora no es tan novedosa, sobre todo la canción original que Matthew Sweet y Susanna Hoffs interpretan.  Que estos dos artistas versionan fenomenalmente ya pudimos comprobarlo en una entrada anterior dedicada a la mítica canción  “All The Young Dudes”, de Mott the Hopple.

En esta ocasión le toca a otra canción también mítica.  El clásico de Neil Young, Cinnamon Girl.

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La quinta pieza de a ocho es una perla negra gigante que permite ver el porvenir, pero para hacerlo hay que pronunciar cinco veces  la palabra: Abracadabra.

Esta palabra cabalística existe desde el siglo II de nuestra era y  se la considera como la palabra más pronunciada universalmente sin necesidad de traducción. Usada para encantamientos, brujería y magia, ya los sumerios creían poder curar enfermedades a través de ella y se escribía en pergaminos que se colgaban con una cuerda de lino al enfermo.

Las sectas gnósticas solían usar como talismán piedras antiguas donde estaba grabada esta universal palabra además de la de Abraxas. Abraxas era el nombre de un dios, posiblemente egipcio relacionado con el sol, que representaba una poderosa dualidad, la del bien y del mal.  El dios adorado y el demonio temido en una sola encarnación.

Hay quien sostiene que la palabra mística abracadabra es una derivación del nombre de aquel dios, otros indican que viene del arameo abhadda kedabrah (Que desaparezca de este mundo).

Una voz cabalística, mágica y misteriosa que nos recuerda puertas que se abren o seres y cosas que desaparecen para aparecer en otro lugar… o no aparecer nunca.

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En Busca de Sara…

21 Enero 2010 at 22:00 (Guadalajara, Historias para no dormir, Memorias del Otto, Relatos)

Cuando alguien lea estas letras tal vez me tome por loco, pero para entonces ya será tarde.  Nadie podrá encerrarme ni juzgarme, ya no pasaré ni sed ni hambre, se habrá  acabado el lujo y la horrible fiesta.  Habré cumplido mi injusto papel en esta historia, que ni yo mismo acabo de creer, si no fuera porque aún siento escalofríos y desesperación cuando intento recordarla y escribirla.

Entre párrafo y párrafo, me levanto y miro a la montaña a través de los barrotes de esta celda, como buscando entre la nieve y la niebla las palabras que necesito para narrar ese insano conocimiento que me llevará a la muerte. Evitando el sol, escruto la montaña, busco con los ojos muy abiertos en la lejanía. Ya no puedo sino apretar los dientes y tapar mis oídos lo más fuerte posible para apartar de mis sentidos su llamada. Su diabólico cántico no puede ser escrito en papel, solo me queda garabatear esas extrañas palabras que trae el viento en el negro muro de la celda, ocultas a sus ojos.

¿Cuándo comenzó esta pesadilla? Mi mente está embotada por los acontecimientos, pero nunca olvidaré la deslumbrante fiesta que Sara se empeñó en dar. No entendía qué pretendía celebrar y me extraño la esmerada preparación de aquellas invitaciones a personas de su pasado que yo ni siquiera conocía. Ahora lo entiendo todo, era una despedida, la despedida de mi querida Sara antes de partir desde el mundo de los vivos al de los infiernos. ¡Dios ayúdame!

El día de la fiesta al regresar de mi paseo atardecía, aún había nieve en el camino que llevaba al castillo. Las verjas de la finca estaban abiertas de par en par y ya había algunos coches en la puerta con los primeros invitados. Me apresuré para lavarme y vestirme de gala, mientras los criados iban introduciendo a aquellos desconocidos en el gran salón.  Allí estaba ella, deslumbrante con aquel vestido blanco, toda su belleza creaba un maravilloso resplandor a su alrededor. Me miró de forma encantadora cuando subí la escalera hacia el vestidor, nunca podré olvidar aquella dulce y última sonrisa.

Recuerdo que bebí demasiado durante la velada, también conocí brevemente a algunos amigos de Sara. No entendía qué significaban para ella y tal vez fue eso lo que motivó mi ataque de celos, eso y el coqueteo que se traía con algunos de aquellos hombres, aquellos desconocidos. La discusión aún tardó en aflorar, pero no podía soportar la imagen de su cuerpo refulgiendo entre aquellos buitres babeantes. Ya se marchaban los últimos y agarré a mi esposa de la muñeca, apretándola de una forma nada natural, como reflejo un tanto agresivo de mi más profunda herida. Ella, sin perder la sonrisa y mientras despedía a uno de sus amigos con un beso en el cuello que me hizo enrojecer de ira, me dirigió una mirada que hizo que aflojase mi mano de inmediato. Nunca había visto sus ojos de aquella manera, me atravesaron de forma inexplicable. Quedé petrificado mientras alguien me dedicaba un último apretón de manos y me susurraba que tenía una mujer maravillosa.

Todos los invitados se fueron y Alfred cerró las puertas de la casa, ella se giró mirándome altiva, nunca la había visto de esa manera, tan fuerte y tan superior a mí. Sin decirme una sola palabra, soltó una carcajada que me heló la sangre; abriendo la puerta pequeña del salón, salió a la fría noche con su vaporoso vestido blanco agitándose al viento.  Salí tras ella mientras cogía presuroso el farol que mi criado Alfred portaba. Pude ver como giraba por el patio a la altura de la pequeña ermita que era mausoleo de su familia. Mientras lo hacía volvió a mirarme, pero la dulzura había desaparecido de su rostro,  la sonrisa que su boca dibujaba era una diabólica invitación a la lujuria. Un intenso frío me recorrió la espalda de forma dolorosa, pero rápidamente encaminé mis pasos hacia aquel esquinazo que ella había doblado. No la veía por ninguna parte. Pude comprobar en la nieve sus pequeñas pisadas que delicadas se alejaban del patio adentrándose en el bosque.

Aún me tiemblan las piernas cuando rememoro cómo me encaminé intranquilo hacia la espesura, cómo aquel viento imposible me impidió dar un paso adelante mientras traía a mis oídos fríos susurros ininteligibles y aterradores. Petrificado, volví sobre mis pasos tapándome los oídos e intentando no escuchar aquellas extrañas palabras. -¡Ya volverá!- dije para mis adentros mientras volvía al salón y me servía apresuradamente una copa.


Me despertó Alfred a la mañana siguiente. La botella de brandy estaba vacía en mi regazo y Sara no había vuelto a la casa.

Ella era una experta montañera, siempre muy bien orientada, conocedora de las estrellas. Me costaba aceptar que hubiera podido extraviarse en aquél bosque que circundaba nuestra mansión, así que mi primer pensamiento se dirigió a la ermita. Con ayuda de Alfred abrimos las herrumbrosas verjas del pequeño patio. El edificio estaba cubierto por enredaderas que solo dejaban entrever sus ventanales góticos y su magnífica puerta de madera de roble, que estaba totalmente despejada. Su visión me hizo recobrar la conciencia y el ánimo pues pensé que Sara estaría allí dentro, resguardada de la fría mañana, tal vez con una resaca parecida a la mía.

¡Qué equivocado estaba!  Allí dentro no había nadie vivo, solo las tumbas de los antepasados de Sara cubrían las paredes de la pequeña ermita. Pero algo llamó mi atención de forma escalofriante. En el cuadrante norte, a la derecha del altar, se erigía una estructura totalmente nueva para mí. No es que conociera bien aquel recinto decadente, nunca me interesó el mundo de los muertos, pero aquel sarcófago incrustado en la pared, aunque con una apariencia antigua y polvorienta, atrajo mi vista de forma inmediata.

Noté como los dientes de Alfred castañeaban detrás de mí cuando, también tembloroso,  limpié las inscripciones de esta nueva tumba. Horrorizado vi allí marcado en la piedra, con una perfecta letra artesana, el nombre de mi querida esposa. No podía creer lo que estaba viendo, Alfred dejó caer el farol tras proferir un angustiado grito de terror.

Me costó convencerle para que profanáramos aquel extraño enterramiento. Finalmente mi alterado raciocinio se impuso a la superstición de mi criado que, desencajado, me ayudó a retirar la losa del sarcófago. Un aire nauseabundo surgió de la cavidad abierta y las  frases susurradas de la noche anterior volvieron a silbar en mis oídos de forma espeluznante. Aguantando aquel hedor y aquellas palabras de ultratumba, vi el vestido desgarrado de Sara estirado en la profundidad del sepulcro. Con una valentía que no sé de dónde saqué, acerque el farol a la cavidad y retiré con cuidado el vestido vacío, solo pude lanzar un grito apagado al descubrir el cadáver aún caliente de un enorme perro, tal vez un lobo, un animal infernal en cualquier caso, que parecía mirarme con sus ojos vacíos, con sus fauces terribles entreabiertas y sanguinolentas.

Bajé de aquel sarcófago, sin palabras, sin aliento. Solo una desesperación indescriptible se había apoderado de mí. Alejándome de aquella increíble pesadilla choqué con el cuerpo de Alfred al pie de la losa. Debía haberse tropezado presa del pánico y se había golpeado con algo. Aún respiraba, así que  con miedo a moverle, encaminé mis pasos al pueblo cercano en busca del médico. No lograba explicar nada de forma ordenada, las ideas se mezclaban en mi mente con las extrañas palabras, frases ininteligibles que me llegaban a través del viento de la montaña. Tuve que llevarme casi arrastras al médico, farfullándole explicaciones incoherentes y aturulladas, para ir a socorrer al pobre Alfred.

Imagino que sería el primer síntoma de locura que aquel médico rural apuntaría en su largo informe. Arrastrarle a la ermita del castillo para nada. Una tumba abierta vacía, sin rastro del infernal animal desangrado en su interior, y, sobre todo, sin rastro de Alfred.

Ni que decir tiene que aquel hombre de ciencia no creía ni una sola palabra de lo que yo le contaba balbuceando. Y con la sugerencia de que llamase a la Policía, me dejó apesadumbrado y hundido en el frío salón del castillo, frente a otra botella de brandy.

Atardecía cuando tomé la nefasta decisión de buscar a Sara y a Alfred, de encontrar a cualquier precio los aciagos despojos que habíamos hallado en aquella hora infernal, en aquel mausoleo indeseable. Nefasto sería, en efecto, el precio a pagar, la cordura nunca asomará ya en mi cabeza y la serena belleza de la muerte es la única que anhelo cuando recuerdo lo que vi a continuación.

Con un farol lleno,  armado con el rifle salí intentando descubrir alguna huella. Allí cerca, en una gran losa cubierta por la nieve temprana, pude ver colgando un jirón del vestido blanco y la forma de una delicada mano femenina grabada en la nieve. Con un estremecimiento seguí por aquel camino cuesta arriba hacia el bosque.  Según avanzaba los gemidos del viento taladraron de nuevo mis oídos y más allá.

Al doblar un recodo la vi, allí en la espesura su piel blanca se fundía casi con la nieve que la rodeada, me miraba con los mismos ojos lujuriosos que la última vez y de su boca entreabierta chorreaba un hilillo de sangre que su lengua intentaba borrar. Ella estaba en cuclillas mirándome fijamente mientras sus manos jugaban con algo a sus pies. No podía retirar mi vista de su mirada, de su bello rostro apresado por la locura. Por fin, como queriendo evitar la aceptación de lo más doloroso, baje la vista para encontrarme horrorizado con la cabeza de Alfred entre sus blancas manos.

Presa de la repulsión grité hacia aquel monstruoso ser. Lo único que encontré por respuesta fue su risa penetrante que se mezcló de forma insoportable con los quejidos lastimosos del viento de la montaña, formando en mi cerebro un coro de palabras extrañas e infernales que  transcribo día y noche en el muro de esta prisión.

Me arrastré al pueblo con el recuerdo imborrable de mi bella Sara devorando a mi criado, con su risa infecta impregnando mi pensamiento, llamándome a la montaña para saciar su voracidad.  Ahora solo espero que la justicia de los hombres acabe con estos  sufrimientos que soy incapaz de transmitir a nadie, que envuelven poco a poco mi mente en la locura.

Con estas palabras acababa el extraño relato del conde Isaías Karpov, que yo, Lucas Bernese, notario del Imperio en Basilea, elevo en esta acta oficial para abrir la investigación de este extraño caso de desaparición y tal vez locura. El conde Karpov no soportó el encierro, obsesionado con la terrible guillotina, dejó las ganas de vivir en este escrito junto a las extrañas transcripciones del muro que también forman parte integrante de esta acta. El doctor Gregory Hess levantará el certificado de defunción y en unos días me acompañará al castillo de Matzingen donde intentaremos esclarecer los hechos, si es que éstos pudieran ser aclarados.

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L’Image. Un experimento frustrado.

20 Enero 2010 at 22:00 (Ilustración, Literatura, Publicidad)

El 29 de Julio de 1881 se promulgaba en Francia la ley sobre la libertad de prensa que serviría de modelo para toda Europa, permitiendo además que se iniciase un diluvio de publicaciones que hasta entonces o habían sido perseguidas por la policía censora dentro de la clandestinidad, o ni siquiera existían.

La prensa ilustrada se dedicaría en primer lugar a analizar la crisis económica en el mundo, especialmente grave a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.  La demanda social estaba en ese momento por encima de la innovación técnica.

La aparición del color será una revolución, todos los logros asociados al mundo de la prensa, la aplicación en su difusión, significarán una reconversión intelectual que se traducirá en nuevas corrientes de pensamiento.

Entre 1880 y 1900, además de las muy numerosas publicaciones de género político o satírico, se sucederán otras que pretenden difundir la historia del arte, como Le Japon artistique (1888-1891), o periódicos literarios ilustrados como Les Lettres et les arts (1886-1889), o como L’Image (1896-1897).

Estas revistas serán las primeras que promocionarán los cabaret artísticos de Montmartre, e incluso alguno de ellos como el  Cabaret du Chat Noir (1881-1889),  fundaría su propia revista. No cabe duda de la importancia de estas publicaciones para el emergente centro literario y artístico de aquel barrio parisino donde las vanguardias artísticas realizarían sus experimentos.

La revista L’Image fue fundada por la Corporación francesa de grabadores en madera. Estaba destinada a promover el arte del grabado y suscitar así una renovación en el mundo editorial que evitase la pérdida de esta artesanía en favor de otros medios mecánicos más industrializados. Se publicaría muy brevemente en la ciudad de París desde diciembre de 1896 hasta noviembre de 1897.

Jeune femme gravant

Grandes grabadores como Clément Bellanger, los hermanos Florian, Eugène Dété, Henri Paillard, Lucien Pissarro, Auguste Rodin, Henri Rivière, Félix Vallotton, realizarán los 12 números de L’Image de la mano de autores literarios como Maurice Barrès, J.-K. Huysmans, Stéphane Mallarmé, Émile Zola, Léon Blum, Anatole France, Rémy de Gourmont o Marcel Proust entre otros.

Cada número de treinta páginas de L’Image se caracterizaba por la utilización de los códigos tipográficos e iconográficos de la época para dar a conocer contenidos artísticos y literarios. Se sugería la herencia de la revista con la prensa por su parecido formato aunque el material utilizado era de mucha más calidad. También estaba muy cercana al libro, el álbum o el portafolio de estampas. Esta revista se situaba entre la librería y la galería de arte mostrando también afiches, partituras y anuncios sobre el mundo del teatro y la escena.

L’Image recogería, aunque fuera por poco tiempo,  las tendencias de los movimientos estéticos y literarios, sirviendo a éstos de instrumento de publicación y de divulgación, aunque ésta se podría considerar algo elitista por lo reducido de su tirada (150 suscripciones).

Sus doce números están repletos de bellos diseños, destacando sus portadas, todas realizadas por artistas de aquella época.

  1. Diciembre 1896. Portada de Alfons Mucha.
  2. Enero 1897. Portada: composición tipográfica de Georges Auriol.
  3. Febrero 1897. Portada de  Georges de Feure.
  4. Marzo 1897. Portada de Gaston Darbour.
  5. Abril 1897. Portada de Maurice Pillard-Verneuil.
  6. Mayo 1897. Portada de Drogue.
  7. Junio 1897. Portada de Henri Bellery-Desfontaines.
  8. Julio 1897. Portada de Paul Berthon.
  9. Agosto 1897. Portada de Victor Prouvé.
  10. Septiembre 1897. Portada de Belleville.
  11. Octubre 1897. Portada de Toulouse-Lautrec, grabada por Vibert.
  12. Noviembre 1897. Portada de Marcel Lenoir.

Sus planchas originales se encuentran en Francia Paris – Bibliothèque des Arts Décoratifs



Fuentes documentales utilizadas:

Pascale Hummel, “Au nom de l’image: les revues de 1880 à 1920

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